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El pequeño titiritero y la gallina gigante

  • 11 septiembre, 2016

El pequeño titiritero y la gallina gigante

Ella era una gallina gigante, tal era su tamaño que desde la calle, podía meter la cabeza por las ventanas del primer piso de las casas. Medía alrededor de dos metros y medio y su cuerpo era muy robusto. La gente huía al verla y gritaba:
-¡Socorro!, ¡Socorro!,¿Quién es este monstruo?.
-¡Qué desgraciada soy! ¿Es que nadie me quiere?. ¿Por qué seré tan grande?- se lamentaba la gallina
Él era un titiritero pequeñito, extremadamente pequeñito, media mas o menos setenta centímetros y su teatro era tan bajito que los niños asomaban sus cabezas por la boca del escenario y se reían gritando:
-Ja, ja, ja, hola titiritero, ja, ja, ja – y echaban a correr.
– ¡Otra función arruinada!-, decía desconsolado, – Pero, si es que la extensión de mi apellido escrito sobre un papel mide mas que yo.
El titiritero se llamaba Mínimo Azparalaguirre.
La gallina se llamaba Máxima y no tenía apellido.
Un buen día en el camino de un pueblo perdido se cruzaron. Todos huían despavoridos viendo el tamaño de la gallina,todos, menos el titiritero que se acercó a ella tan rápido como sus cortas piernas se lo permitieron. Una vez que estuvo a su lado se quitó el sombrero, le hizo una reverencia, la saludó y como impulsado por
una inspiración divina le dijo:
-Buenos dias señora gallina, permítame proponerle un negocio, ¿Qué le parece si nos asociamos?.
– ¿De qué se trata caballero?- respondió Máxima cortésmente.
-Si me dejara poner mi teatrito sobre Ud misma, podríamos recorrer el mundo haciendo felices a los niños.
Máxima no era ajena a la creencia popular( no siempre cierta ) de que las gallinas no son inteligentes.
-La inteligencia es un don- pensaba resignada -Pero la humildad es una virtud. Aceptaré la propuesta del titiritero.
Y desde ese día se los ve inseparables, siempre juntos y felices, un titiritero montado sobre una gallina. Cuando los niños se acercan a ellos se abren las cortinas del teatro y comienza la función. Ya nadie huye de la gallina. Ya no más obras inconclusas. Fray Juanete los vio pasar una vez y pensó:- Se nota que Dios no nos quiere dar todo hecho, por eso no hay que perder las esperanzas, porque en este desordenado y complicado puzzle de la vida todas las piezas encajan perfectamente.

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