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Comicos de la legua, actores trashumantes, artistas ambulantes…

  • 3 septiembre, 2016

“Pasaré una sola vez por este camino; de modo que cualquier bien que pueda hacer o cualquier cortesía que pueda tener para con cualquier ser humano, que sea ahora. No lo dejaré para mañana, ni la olvidaré, porque nunca más volveré a pasar por aquí.”
Dale Carnegie (1888-1955)

A través del tiempo los han llamado de muchas maneras: Comicos de la legua, actores trashumantes, artistas ambulantes….Los rodea un halo misterioso. Son titiriteros, saltimbanquis, malabaristas, mimos y payasos. A Fray Juanete desde muy niño le llamaron mucho la atención estos personajes. Una vez siendo un joven fraile, en una plaza de un pueblo del norte de España, quedó maravillado viendo el espectáculo de un artista de gran talento. El público rió muchísimo con las destrezas y habilidades de este hombre de alrededor de 50 años, mezcla de payaso y funambulista. Cuando terminó la función viejos, jóvenes y niños aplaudieron a rabiar, el hombre que se presentó como ” El gran Diosdado” agradeció las muestras de cariño y contó que estaba recorriendo el mundo con su espectáculo,y que quería que todos los habitantes de la Tierra tuvieran oportunidad de verlo, pero ya era muy viejo y el camino muy largo, así que era muy probable que no volviera a pasar por allí. Agradeció nuevamente con infinidad de reverencias y pasó la gorra a lo que el público respondió con diligencia pero con generosidad un tanto comedida.
Cuando ya la gente se fue alejando mientras comentaban el buen rato que habían pasado riendo con el malabarista, Fray Juanete se acercó a él con la decidida intención de saludarlo e intercambiar algunas palabras sobre lo que había visto:
-Buenas tardes, lo felicito, me ha gustado mucho su espectáculo, ¡Cómo se divertía la gente! Es ud. un gran artista.
-¡Ja ja ja! Muchas gracias, entonces puedo decir que he hecho bien mi trabajo-
-¿Sabe una cosa? Yo he visto hoy a le gente feliz, reír y aplaudir casi hasta el delirio y le quiero hacer una pregunta, quizás con una curiosidad un poquito impertinente.
El gran Diosdado sonrió con picardía y respondió:
-A ver ¿Qué me quiere preguntar?
-El público ¿sabe agradecer lo que Ud. hace?, ¿le retribuyen proporcionalmente a los momentos mágicos que su espectáculo les ha hecho vivir?
-¡Ja ja ja!,Las cosas que pregunta este buen fraile…Yo le contaría tantas cosas, pero tengo la garganta un poco seca, si me invita una copa de vino se las cuento.
A Fray Juanete le encantó la idea. se sentaron en la terraza de un bar cercano.El sol se estaba escondiendo y el fresco de la tarde invitaba a una charla amable y distendida, algunos niños que jugaban en la acera los señalaban con el dedo y gritaban:
-Mira, mira el payaso.
Le contó muchas historias: los caminos que había recorrido y los que le quedaban por recorrer, los espectáculos que había representado y los que le quedaban por representar, las culturas que conoció y las que le quedaban por conocer. finalmente El gran Diosdado miró fijamente a Fray Juanete y le habló a modo de confidencia:
-En cuanto a lo que me preguntó hace un rato, sobre la gente y su manera de retribuir…Ay ay ay, mi querido fraile nos olvidamos muchas veces que los artistas también comen. la verdad es que el público paga lo que quiere, lo que puede o lo que su conciencia le dice, pero eso no es lo importante, lo verdaderamente importante, para mí, es lo que yo pienso.
-Y ¿Qué piensa Ud?
-A mi me gusta pensar siempre bien de la gente; por ejemplo: Si alguien no echa nada en la gorra, pienso que justo ese día no tenia nada para echar y si echa poco, me digo, seguramente ha dejado de comprar algo que le gusta para pagar la función.
-Y ¿Si echa mucho?
-¡Ah!, En ese caso digo:¡Qué generoso! seguramente ha pensado en los que no tenían y ha pagado por ellos.
-Sí, claro, no está mal,pero de todas maneras es una ilusión, una fantasía suya.
-Es verdad, pero si pienso mal también es una ilusión, una fantasía.Nunca podemos estar seguro de las razones por las que los demás hacen las cosas.
-Así que siempre prefiere pensar que no hay ninguna maldad ni desprecio en la gente hacia Ud. y su trabajo.
– Exactamente… y por eso estoy siempre feliz, contento y sonriente ¿Qué le parece?.
-Pues me parece que tiene Ud.una gran sabiduría.
Se despidieron. El gran Diosdado partió hacia algún pueblo cercano, donde seguramente la gente se iba a deleitar con sus ocurrencias. Fray Juanete lo vio perderse por el sendero, ese, que como el camino de la vida iba a recorrer solo una vez.

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